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lunes, 20 de mayo de 2013

EL GUARDA (CLIMAX)


Y Jack se puso a correr mientras los ladrones le perseguían. Ya no podía respirar de lo cansado que estaba. Intentó llamar a su hija pero no contestaba y recurrió a llamar al jefe de los ladrones, el cual le dijo:

Jack: No hagas daño a nadie.

Joseph: ¿por qué te tendría que hacer caso?

Jack: Haré lo que tu quieras pero no hagas daño a nadie

Joseph: Quiero que digas a los de ahí fuera que exijo un helicóptero dentro de 3 horas.

Jack: lo intentaré (Joseph colgó)

Jack entonces se puso a vigilar todas las tiendas del centro comercial a ver dónde estaban los ladrones. Llegó a la tienda de los videojuegos; entonces los ladrones lo vieron y empezaron otra vez a perseguirlo.

Jack trató de planear cómo iba a eliminar a los ladrones uno a uno, porque no podía con todos a la vez.

Desde arriba vio a un ladrón que lo estaba buscando. Jack tenía miedo a las alturas pero pensó en su hija y en Isabela y se tiró desde lo alto.

Jack: Aaaaaaaahhhh!!!!!!!

Ladrón: NOOOOO!!!!!

Y Jack calló encima del ladrón el cual ya no podía casi respirar.
Jack empezó a quitarle la ropa cuando acabó le dio un golpe que lo dejó K.O y lo encerró en el baño de mujeres. La ropa que le habia quitado al ladrón se la puso el para que los otros ladrones pensaran que era de los suyos; pero fue un fracaso. Le reconocieron por lo gordo que era.

Ladrones: Eres tú!!!!
Jack: Sois unos ladrones. Nunca me cogeréis !!!

Jack descubrió que en la ropa que se había puesto había un arma. Vio a un ladrón y empezó a dispararle (lo mató).

Los ladrones también le dispararon. Una bala alcanzó la pierna de Jack. Ahora que no podía correr mucho por lo gordo que estaba y encima le habían dado en su pierna buena, Jack se fue a la puerta, ya que estaba cerrada, y empezó a abrirla.
La C.I.A consiguió entrar. Los agentes eliminaron a los otros ladrones.
Jack, Isabela y su hija se volvieron a reunir.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Una historia extraordinaria

Una niña que se llamaba María tenia siete años. Una noche soñó que venía el ejército a llevarse a su familia. Al día siguiente se lo dijo a su madre, y ella le dijo que no se preocupase que eso no iba a pasar.  Cuando la niña salió a jugar campo, vio un camión del ejército. Se preocupó mucho porque vio que estaba entrando a su casa. Entonces ella se escondió detrás de la casa y vio que se estaban llevando a sus padres. Lo siguiente que vio fue que su casa estaba ardiendo.  Empezó a llorar.
Después de pasar una noche entera, decidió ir al pueblo. Y mientras iba al pueblo se encontró con un convento, tocó a la puerta y una monja le atendió y le preguntó que qué le había pasado. La niña le contó todo y le preguntaron si tenía dónde pasar la noche. Ella les dijo que no. Las monjas le dijeron que se podía quedar un tiempo. Pensaron que se podía quedar más tiempo.
Pasaron dos años. El convento estaba atravesando malos momentos económicos. Las monjas tuvieron que llevar a la niña un orfanato. Cuando se lo dijeron se puso muy triste.  Le llevaron al orfanato y después de dos años la adoptó una familia de campo.
La niña se hartó y se escapó a la gran ciudad de Lamakum, donde conoció a otra niña huérfana que se llamaba Laura pero sus amigos le llamaban Laurita.  La niña, que era muy inteligente para su edad, se supo buscar la vida muy bien. Laura le enseñó algunos trucos de supervivencia en la gran ciudad como conseguir dinero rápidamente y sin mucho esfuerzo.
Su amiga la llevó a una casa donde vivían mas niños. Entre todos los niños reunieron todo el dinero, para gastos necesarios para la vida cotidiana. María ahorró un poco de dinero; en secreto compro buena vestimenta, para parecer una señorita.
Cuando caminaba por el centro de Lamakum, se encontró a Luis Ricardo, sobrino del rey Juan Carlos. Ella no sabia quién era él. Solo pensó que era muy rico y le podría ayudar a rescatar a sus padres, con ese dinero irse a vivir lejos de su país y así poder ser feliz.

FIN

Vivir en las nubes


Todos los días, María (una niña de 8 años) soñaba con ir a las nubes. Un día, María le preguntó a su madre (Alejandra) que cómo sería vivir en las nubes del paraíso y su madre le respondió que en las nubes del paraíso no se podía vivir. Como Alejandra vio que su hija se estaba poniendo triste, dijo rápidamente que si deseaba muy fuerte y con mucha ilusión su deseo se cumpliría. Alejandra quería intentarlo (por si acaso funcionaba) porque le habían dicho que las nubes estaban hechas de oro. Ella era muy avariciosa y lo intentó, pero como no tenía el corazón puro no lo consiguió.

La niña, inocentemente, quería llevar a su madre a las nubes porque sabía que quería ir y cogió un cochecito mágico que le había regalado su padre antes de morir del que Alejandra no conocía su existencia. Ya montada en su cochecito convenció a su madre para que subiera, y debido al corazón puro de la niña las dos subieron al cielo.

Cuando llegaron a las nubes del paraíso vieron que estaban todas cubiertas por una capa del más puro oro que parecía que no habían sido nunca mancilladas por la mano humana. Había también árboles de zafiro con manzanas de rubí. Madre e hija estaban en el principio de un camino de cristal tallado por encima de las nubes doradas. Con la boca abierta y nada más llegar lo primero que hizo Alejandra fue coger todo lo que le cupiera en las manos pero María (que era muy católica) la detuvo con una mano. Con expresión horrorizada le dijo que estaban en el paraíso, en un lugar sagrado, y que no debían mancillarlo con sus manos impuras.
Alejandra (que era atea) dijo que tenía razón y que deberían irse ya. La niña, aliviada, se subió al cochecito delante de su madre sin sospechar que en realidad no pensaba precisamente en desaprovechar ese tesoro...

Cuando llegaron era ya de noche y Alejandra e hija cenaron sopa de día anterior y se acostaron. Al día siguiente, Alejandra le hizo el desayuno a su hija y le dijo que iba el supermercado. María la creyó y se fue a jugar con sus juguetes. Mientras tanto, su madre cogió el cochecito mágico sin que la niña se diera cuenta y consiguió ir al cielo, porque mientras subía pensó en cosas bonitas y tuvo el corazón puro por unos momentos. Cuando llegó, se volvió a maravillar por la pureza de aquel lugar. Con una malévola sonrisa en los labios, Alejandra se dispuso a coger todo lo que le cupiera en las manos. En cuanto rozó la capa de oro que recubría las nubes, un temblor retumbó en todo aquel mágico lugar. Como salido de la nada, una enorme figura apareció sobrevolando el paraíso. Con una voz que salía de todas partes y a la vez de ninguna, la voz de aquel ser que se hacía llamar diablillo (era un diablillo menor, no muy poderoso, pero eso ya era suficiente para hacer temblar de miedo a una simple humana) le comunicó que era el dueño de aquel paraíso, ya que no podría osar una persona de corazón tan impuro como Alejandra siquiera entrar, cómo podía atreverse a intentar robar. Para castigarla, decidió atacarla. Alejandra, a pesar de estar muerta de miedo, tuvo la osadía de responderle diciéndole que cómo la pensaba atacar. Por toda repuesta, una horda de magníficos, blancos y puros ángeles armados apareció tras el diablillo. A la mujer le temblaban las piernas como flanes y con las escasas fuerzas que le quedaban y el corazón a mil por hora corrió a refugiarse detrás de un árbol dorado. El árbol, como respondiendo a las órdenes de su dueño, se apartó de modo que la mujer quedó a la vista de los ángeles. Con una mirada que parecía contener todo el universo y una fría sonrisa inexpresiva, el que parecía ser el capitán de la horda dio una orden y todos los ángeles tensaron los arcos cargados con manzanas doradas. A la segunda orden del capitán todas las manzanas fueron disparadas hacía Alejandra. Ella, con un grito se hizo un ovillo en el suelo para protegerse de la lluvia dorada.

Horas más tarde, Alejandra se levantó, herida y magullada pero milagrosamente viva. Con el orgullo por los suelos se puso de rodillas frente a las magníficas criaturas aladas pidiendo clemencia. El diablillo, al ver que los ángeles habían dejado de disparar, le dijo furioso al capitán que continuaran atacando. El ángel le fulminó con la mirada diciéndole que aquella mujer ya había sufrido bastante y que no era quien para mandarles a ellos, las criaturas divinas. Que ellos habían acudido sólo para castigar a una humana retorcida que osaba entrar en el paraíso, pero que no pensaban matarla. El diablillo, muerto de miedo, bajó la mirada en señal de sumisión, y, de aquella forma, encogido del miedo, no parecía tan terrible, pensó la humana. Al ver el brillo de burla en sus ojos, el ángel se volvió a la mujer y la hizo encogerse de miedo. El diablillo, ya que no era rival para un ángel poderoso y menos a una horda entera de ellos, con una expresión aparentemente arrepentida, le dijo al capitán de los ángeles que para castigar su osadía le concedería a aquella pequeña mujer humana una explicación por lo que acababa de pasar. El ser alado asintió conforme, aunque en el fondo desconfiaba del ser demoníaco. Con una orden de su capitán, la horda se retiró. Una vez que los ángeles solo eran diminutos puntos en la distancia, el diablillo invitó a Alejandra a sentarse en unos sillones que parecían haber salido de la nada. Una vez sentados el diablillo se presentó como Yergol, y le empezó a relatar la historia. Yergol le contó con una sonrisa malévola que todos lo diablillos y diablos tenían como hogar un pequeño paraíso en las nubes, y que aquel era solo uno de los miles de paraísos que había en el cielo. Pero no solo eso, que dependiendo de tu clasificación social tenías paraísos mayores o menores. Alejandra se preguntó porque aquel ser del inframundo tenía interés en darle una explicación. Como si la hubiera escuchado, Yergol con una risa malvada le dijo que ahora que sabía los secretos de las criaturas del infierno tenía razones para matarla bajo la ley de los ángeles. Alejandra, horrorizada, se dispuso a que el gran hacha de Yergol la atravesara de parte a parte, pero algo la detuvo. Era María, que al ver que su madre tardaba tanto, había ido a las nubes ella sola sin necesidad del cochecito mágico, simplemente deseándolo y ahora estaba allí entre el hacha de Yergol y su madre. El demonio sorprendido, titubeó, y María no desaprovechó la oportunidad. Cogió a su madre de la mano y juntas salieron corriendo de la mansión de Yergol. Se subieron al cochecito justo a tiempo, pues el diablillo estaba persiguiéndolas. Antes de que llegara, ellas ya estaban en su casa sanas y salvas y, exhaustas, se tiraron al suelo y acordaron hacer como si nada hubiera pasado.

Redactado por: Adriana Solé Balbuena

martes, 2 de abril de 2013

Creando un texto teatral a partir del cuento: ejemplo de Valentín



Personajes: Narrador, Jack, Isabela, Joseph (jefe de los ladrones), Hija de Jack ( no habla )


Escenas:

1ª escena : 1ªintervención del narrador, personajes:narrador, escenario:ninguno.
2ª escena : saludo de Isabela a Jack, personajes: Jack y Isabela,
escenario: centro comercial ( tienda de Isabela)
3ª escena :2ª intervención del narrador, personajes: narrador, escenario: ninguno.
4ªescena: 2ª conversación de Jack con Isabela, personajes: Jack y Isabela,
escenario: centro comercial ( tienda de Isabela )
5ª escena : pequeña intervención del narrador y pequeño diálogo de Jack, personajes:Narrador y Jack, escenario: centro comercial.

lunes, 1 de abril de 2013

Antonio Skármeta, EL CARTERO Y PABLO NERUDA (Fragmento)



Crecido entre pescadores, nunca sospechó el joven Mario Jiménez que en el correo de aquel día habría un anzuelo con que atraparía al poeta. No bien le había entregado el bulto, el poeta había discernido con precisión meridiana una carta que procedió a rasgar ante sus propios ojos.
–¿Por qué abre esa carta antes que las otras?
–Porque es de Suecia.
–¿Y qué tiene de especial Suecia, aparte de las suecas?
Aunque Pablo Neruda poseía un par de párpados inconmovibles, parpadeó.
–El Premio Nobel de Literatura, mijo.
–Se lo van a dar.
–Si me lo dan, no lo voy a rechazar.
–¿Y cuánta plata es?
El poeta, que ya había llegado al meollo de la misiva, dijo sin énfasis:
–Ciento cincuenta mil doscientos cincuenta dólares.
Mario, que presentía el fin del diálogo, se dejó consumir por una ausencia semejante a la de su predilecto y único cliente, pero tan radical que obligó al poeta a preguntarle:
–¿Qué te quedaste pensando?
–En lo que dirán las otras cartas. ¿Serán de amor?
El robusto vate tosió.
–¡Hombre, yo estoy casado! ¡Que no te oiga Matilde!
–Perdón, don Pablo.
–¿Qué te pasa?
–¿Don Pablo?
–Te quedas ahí parado como un poste.
Mario torció el cuello y buscó los ojos del poeta desde abajo:
–¿Clavado como una lanza?
–No, quieto como una torre de ajedrez.
–¿Más tranquilo que gato de porcelana?
Neruda soltó la manilla del portón, y se acarició la barbilla.
–Mario Jiménez, es indigno que me sometas a todo tipo de comparaciones y metáforas.
– ¿Don Pablo?
– ¡Metáforas, hombre!
– ¿Qué son esas cosas?
El poeta puso una mano sobre el hombro del muchacho.
–Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir una cosa comparándola con otra.
–Deme un ejemplo.
Neruda miró su reloj y suspiró.
–Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando. ¿Qué es lo que quieres decir?
–¡Qué fácil! Que está lloviendo, pu’.
–Bueno, eso es una metáfora.
–Y ¿por qué, si es una cosa tan fácil, se llama tan complicado?
–Porque los nombres no tienen nada que ver con la simplicidad o complicidad de las cosas. Según tu teoría, una cosa chica que vuela no debiera tener un nombre tan largo como mariposa. Piensa que elefante tiene la misma cantidad de letras que mariposa y es mucho más grande y no vuela –concluyó Neruda exhausto. Con un resto de ánimo, le indicó a Mario el rumbo hacia la caleta. Pero el cartero tuvo la prestancia de decir:
–¡P’tas que me gustaría ser poeta!
–¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones[1].
Neruda retomó la manilla de la puerta, y se disponía a entrar, cuando Mario, mirando el vuelo de un pájaro invisible, dijo:
–Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
–¿Y qué es lo que quieres decir?
–Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.



[1] Guatones: “barrigudos”

Lectura comprensiva

1. ENTENDER EL TEXTO


1.1. Identifica el tipo de texto que se trata y explica por qué:
a) Diálogo teatral
b) Narración con un diálogo intercalado
c) Guión de cine
1.2. ¿Se trata de un diálogo espontáneo o planificado?  ¿Qué rasgos de la lengua oral se imitan en el texto? ¿Cómo se marcan o representan gráficamente?
1.3. Resume el texto en cuatro o cinco oraciones. Identifica los personajes principales, di qué relación hay entre ellos y señala cuáles son los temas del diálogo.


2. INTERPRETAR EL TEXTO, ENTENDER AL AUTOR


2.1. Esta novela es un homenaje a la memoria de Pablo Neruda, el poeta chileno más conocido en el mundo y uno de los más leídos en todas las lenguas.
- Antonio Skármeta, autor de la novela, es también guionista de cine. ¿En qué crees que se nota después de leer ese fragmento?
- ¿En qué rasgos reconoces la caracterización de Neruda como poeta?
- ¿Qué es una metáfora? Pon ejemplos del texto.
2.2. La acción se localiza en Isla Negra, un pueblo de pescadores donde el poeta chileno Pablo Neruda vivió desterrado a causa de la represión política en su país.
- ¿Qué momento representa esa escena?
- ¿Qué es el Premio Nóbel? ¿En qué categoría le fue otorgado a Pablo Neruda (Economía, Paz, Literatura, etc.)
- ¿Qué crees que significó en la vida de Neruda?
2.3. Comprende la relación que hay entre los personajes:
- ¿Te parece que se conocían antes? ¿Por qué?
- ¿Por qué tiene tanta prisa Pablo Neruda?
- ¿Crees que el poeta desprecia el trabajo del cartero o que lo respeta y lo aprecia? ¿Por qué?
- ¿Cómo se manifiesta la curiosidad y admiración del cartero?

3. ENTENDERSE A SÍ MISMO/A


3.1. A través de la relación interpersonal y el diálogo, los seres humanos aprendemos unos de otros. ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué? Pon ejemplos del texto.
3.2. ¿Con qué personas, amigas, amigos o conocidos/as has aprendido más?
3.3. ¿Te gusta la poesía? ¿Sirve de algo a quienes la leen? Crea una metáfora para expresar cómo te sientes en este momento de tu vida.
3.4. Imagina una continuación del diálogo entre el cartero y Pablo Neruda.

VIVIR EN LAS NUBES


Todos los días, María (una niña de ocho años) soñaba con ir a las nubes. Un día, María le preguntó a su madre (Alejandra) que cómo sería vivir en las nubes del paraíso y su madre le respondió que en las nubes del paraíso no se podía vivir. Como Alejandra vio que su hija se estaba poniendo triste, dijo rápidamente que si deseaba muy fuerte y con mucha ilusión su deseo se cumpliría. Alejandra quería intentarlo (por si acaso funcionaba) porque le habían dicho que las nubes estaban hechas de oro. Ella era muy avariciosa y lo intentó, pero como no tenía el corazón puro no lo consiguió.

La niña, inocentemente, quería llevar a su madre a las nubes porque sabía que quería ir y cogió un cochecito mágico que le había regalado su padre antes de morir del que Alejandra no conocía su existencia. Ya montada en su cochecito convenció a su madre para que subiera, y debido al corazón puro de la niña las dos subieron al cielo.

Cuando llegaron a las nubes del paraíso vieron que estaban todas cubiertas por una capa del más puro oro que parecía que no había sido nunca mancillada por la mano humana. Había también árboles de zafiro con manzanas de rubí. Madre e hija estaban en el principio de un camino de cristal tallado por encima de las nubes doradas. Con la boca abierta y nada más llegar lo primero que hizo Alejandra fue coger todo lo que le cupiera en los brazos, pero María (que era muy católica) la detuvo con una mano. Con expresión horrorizada le dijo que estaban en el paraíso, en un lugar sagrado, y que no debían mancillarlo con sus manos impuras.
Alejandra (que era atea) dijo que tenía razón y que deberían irse ya. La niña, aliviada, se subió al cochecito delante de su madre sin sospechar que en realidad no pensaba precisamente en desaprovechar ese tesoro...

Cuando llegaron era ya de noche y Alejandra e hija cenaron sopa de día anterior y se acostaron. Al día siguiente, Alejandra le hizo el desayuno a su hija y le dijo que iba el supermercado. María la creyó y se fue a jugar con sus juguetes. Mientras tanto, su madre cogió el cochecito mágico sin que la niña se diera cuenta y consiguió ir al cielo, porque mientras subía pensó en cosas bonitas y tuvo el corazón puro por unos momentos. Cuando llegó, se volvió a maravillar por la pureza de aquel lugar. Con una malévola sonrisa en los labios, Alejandra se dispuso a coger todo lo que le cupiera en las manos. En cuanto rozó la capa de oro que recubría las nubes, un temblor retumbó en todo aquel mágico lugar. 
Como salido de la nada, una enorme figura apareció sobrevolando el paraíso. Con una voz que salía de todas partes y a la vez de ninguna, la voz de aquel ser que se hacía llamar diablillo (era un diablillo menor, no muy poderoso, pero eso ya era suficiente para hacer temblar de miedo a una simple humana) le comunicó que era el dueño de aquel paraíso. Ya que no podría osar una persona de corazón tan impuro como Alejandra siquiera entrar, cómo podía atreverse a intentar robar. 
Para castigarla, decidió atacarla. Alejandra, a pesar de estar muerta de miedo, tuvo la osadía de responderle diciéndole que cómo la pensaba atacar. Por toda repuesta, una horda de magníficos, blancos y puros ángeles armados apareció tras el diablillo. A la mujer le temblaban las piernas como flanes y con las escasas fuerzas que le quedaban y el corazón a mil por hora corrió a refugiarse detrás de un árbol dorado. El árbol, como respondiendo a las órdenes de su dueño, se apartó de modo que la mujer quedó a la vista de los ángeles.
Con una mirada que parecía contener todo el universo y una fría sonrisa inexpresiva, el que parecía ser el capitán de la horda dio una orden y todos los ángeles tensaron los arcos cargados con manzanas doradas. A la segunda orden del capitán todas las manzanas fueron disparadas hacía Alejandra. Ella, con un grito se hizo un ovillo en el suelo para protegerse de la lluvia dorada.

Horas más tarde, Alejandra se levantó, herida y magullada pero milagrosamente viva. Con el orgullo por los suelos se puso de rodillas frente a las magníficas criaturas aladas pidiendo clemencia. El diablillo, al ver que los ángeles habían dejado de disparar, le dijo furioso al capitán que continuaran atacando. El ángel le fulminó con la mirada diciéndole que aquella mujer ya había sufrido bastante y que no era quien para mandarles a ellos, las criaturas divinas. Que ellos habían acudido sólo para castigar a una humana retorcida que osaba entrar en el paraíso, pero que no pensaban matarla. 
El diablillo, muerto de miedo, bajó la mirada en señal de sumisión, y, de aquella forma, encogido del miedo, no parecía tan terrible, pensó la humana. Al ver el brillo de burla en sus ojos, el ángel se volvió a la mujer y la hizo encogerse de miedo. El diablillo, ya que no era rival para un ángel poderoso y menos a una horda entera de ellos, con una expresión aparentemente arrepentida, le dijo al capitán de los ángeles que para castigar su osadía le concedería a aquella pequeña mujer humana una explicación por lo que acababa de pasar. El ser alado asintió conforme, aunque en el fondo desconfiaba del ser demoníaco. Con una orden de su capitán, la horda se retiró. 
Una vez que los ángeles solo eran diminutos puntos en la distancia, el diablillo invitó a Alejandra a sentarse en unos sillones que parecían haber salido de la nada. Una vez sentados el diablillo se presentó como Yergol, y le empezó a relatar la historia. Yergol le contó con una sonrisa malévola que todos lo diablillos y diablos tenían como hogar un pequeño paraíso en las nubes, y que aquel era solo uno de los miles de paraísos que había en el cielo. Pero no solo eso, que 

UNA HISTORIA EXTRAORDINARIA


Un día, una niña que se llamaba María tenia siete años. Una noche soñó que venía el ejército a llevarse a su familia. Al día siguiente se lo dijo a su madre, y ella le dijo que no se preocupase que eso no iba a pasar. 
Cuando la niña salió a jugar campo, vio un camión del ejército. Se preocupó mucho porque vio que estaba entrando a su casa. Entonces ella se escondió detrás de la casa y vio que se estaban llevando a sus padres. Lo siguiente que vio fue que su casa estaba ardiendo. 
Empezó a llorar.
Después de pasar una noche entera,decidió ir al pueblo. Y mientras iba al pueblo se encontró con un convento, tocó la puerta y una monja le atendió y le preguntó qué le había pasado. La niña le contó todo y le preguntaron si tenía donde pasar la noche. Ella les dijo que no. Las monjas le dijeron que se podía quedar un tiempo.
Pensaron que se podía quedar más tiempo. Pasaron dos años. El convento estaba atravesando malos momentos económicos. Las monjas tuvieron que llevar a la niña un orfanato. Cuando se lo dijeron se puso muy triste. 
Le llevaron al orfanato y después de dos años la adoptó una familia de campo. La niña se hartó y se escapó a la gran ciudad de Madrid, donde conoció a otra niña huérfana que se llamaba Laura pero sus amigos le llamaban Laurita. 
La niña la 

EL PERRO DETECTIVE


Una mañana la señora gallina:
-Detective me han vuelto a robar huevos, ya son 8, esto no puede seguir así venga pa' mi casa.
-Ya estoy en camino guau, guau- dijo el perro.
Al cabo de un cuarto de hora el perro llegó a la casa:
-Ya estoy aquí-dijo el perro-, tengo un plan para recuperar los huevos. Ponga usted un huevo y me quedaré vigilando hasta que venga el ladrón y lo atraparé.
-Vale, me parece perfecto su plan. Ya he puesto el huevo, ya se puede poner a vigilar- Dijo la gallina.
Al cabo de un rato una sombra se acercó al huevo lo cogió sigilosamente y se fue corriendo.
El perro salió disparado detrás de la sombra y se recorrió media ciudad tras el ladrón hasta que este se paró, el perro lo atrapó y pudo ver quien era. ¡Era la rata apestosa! Dijo el perro:
-¡Oh! Eres tú, ya estaba sospechando de ti. Ahora llévame a tu casa y dame los demás huevos, si no lo haces te arrepentirás.
-Vale, pero te aviso que mi casa huele muy, muy mal y no soportarás el olor.-Dijo la rata- Ja,ja,ja.
-Vale, pues pasemos por un chino a comprar unas tenazas.
El perro se compró las tenazas, se las puso en la nariz y fueron a casa de la rata, para coger los huevos.
Cuando llegaron a la casa de la rata esta le entregó los huevos al perro.
El perro dijo:
-Gracias, ahora te llevaré a la cárcel y te arrepentirás de haber robado los huevos. Por cierto, ¿por qué robaste los huevos?
La rata le contesto:
-Porque me sentía solo y quería criar pollitos.
El perro dijo:
-Entiendo, bueno a ver si en la cárcel encuentras a alguien para no sentirte solo.
El perro metió en la cárcel a la rata y se sintió muy solito.

HUYENDO DE LA REALIDAD

Jorge, Irene, Javier, Alba y Alejandro son los protagonistas de nuestra historia. Cinco jóvenes que se encuentran a disgusto con la vida que llevan. Javier proviene de una familia desestructurada donde convive con sus abuelos, su madre y una hermana. Su padre se marchó porque la convivencia era insostenible. Jorge, Irene y Alba son quizás de lo que pudiéramos llamar una familia más normal, tan normal que la monotonía les corroía el ánimo y estaban sedientos de aventura y tener una vida diferente. Alejandro del seno de una familia pudiente se sentía abandonado por su propia familia, su padre siempre ocupándose de sus negocios y su madre ensimismada en sus relaciones de alta sociedad. Alejandro se dio cuenta que no le hacían falta todos esos bienes materiales, sino que necesitaba afecto y había hecho de sus compañeros de instituto su propia familia. Todos ellos tenían varias cosas en común: estaban en el último año de instituto, pertenecían al mismo grupo de trabajo de ciencias de la humanidad y con inquietudes quizás no tan diferentes al resto de sus compañeros pero con la suficiente determinación para tomar alguna iniciativa. Eran los últimos días de clase y estaban reunidos en el grupo cuando Alejandro expuso: Quiero proponeros algo; Estos son los últimos días de clase del que será quizás el último año que estudiaremos juntos, quiero proponeros una experiencia para la que podemos aprovechar el viaje de fin de estudios. Consistiría en viajar a algún lugar deshabitado, apartado de la civilización y sin los medios materiales y domésticos a los que estamos acostumbrados. 
Javier.- Para eso hace falta dinero… al menos para despegar. 
Alejandro.- Eso no va a ser problema, yo llevo ahorrando mucho tiempo para llevar a cabo este proyecto. 
Irene.- No creo que mis padres estén muy de acuerdo. 
Alejandro.- También he pensado en ello. Lo enfocaremos como un proyecto de trabajo, un experimento para subir nota en la asignatura de ciencias de la humanidad. Jorge.- No seré yo el que ponga pegas, llevo mucho tiempo soñando con poder realizar algo así. Podéis contar conmigo. ¿Y tú que dices Alba? 
 Alba.- Tú ya sabes que no te dejo ir sin mí a ninguna parte. (Dijo jocosamente). 
Alejandro.- Entonces no se hable más sobre las posibilidades, ahora vamos a darle cuerpo al proyecto y a ultimar los preparativos. 
Se quedaron hablando sobre el tema el resto de la tarde, pues había muchas cosas que concretar y poco tiempo para preparar la partida. Era evidente que no iban a contar con el beneplácito de sus progenitores por lo que se lo plantearon como una excursión escolar que solo duraría unos pocos días. Unos días después se reunieron en el aeródromo donde el padre de Alejandro tenía una avioneta de la que solía disponer para sus viajes de negocios. Alejandro no poseía el carnet de piloto, pero si había estado dando clases y había volado varias veces ejerciendo de piloto con su padre. Estaban todos ellos con el corazón en un puño y en ellos se mezclaban los sentimientos de ilusión por la aventura y miedo por las posibles consecuencias de su acción. 
 Alejandro.- Es la hora de emprender nuestro vuelo, subid al aparato y acomodaros. 
Irene.- Un momento, no sé si he echado el acondicionador de pelo. 
Javier.- No es hora de titubeos, es que esté vacilando sobre la decisión que se quede en tierra, pero desde luego no seré yo. Todos subieron a la avioneta que cogió velocidad y tomo vuelo en un santiamén. Habían pasado varias horas y estaban sobrevolando mar abierto, cuando… 
Alba.- ¿Es normal que el motor del ala izquierda no eche humo y el derecho si? 
Alejandro.- No, claro que no es normal, hace rato que noto que pierde potencia y ha bajado la presión del aceite. No había terminado la frase cuando se produjo una fuerte explosión que tambaleo al aparato y conmocionó a sus tripulantes. La histeria se apoderó de Irene y de Alba, mientras que Jorge palideció y era incapaz de articular palabra. El avión empezó a perder altura a gran velocidad. 
Javier.- ¡Mierda! ¿Sabes hacer una amerizaje? 
Alejandro.- No lo he intentado nunca pero me enseñaron que es más fácil que sobre tierra… cuando se trata de un hidroavión claro. 
Irene.- ¡Vamos a morir! 
Javier.- Aquí no va a morir nadie, en cualquier caso tan sólo yo le partiré la crisma a Alejandro. 
Alejandro.- ¡Agárrense! Nuevamente no le dio tiempo a terminar la frase. 
La avioneta al tocar agua hundió las patas de las ruedas en el agua y frenó casi en seco volcando hacia adelante en una pirueta que la dejó panza arriba. Durante unos segundos se escucharon múltiples golpes y gritos de dolor que cuando cesaron dieron lugar a gemidos de dolor y algún llanto. 
Javier.- ¿Estáis todos bien? 
Alba.- No. Jorge parece que está muerto. Está sangrando por la cabeza. 
Alejandro.- No está muerto, si fuera así no sangraría de ese modo. Taponadle la herida mientras yo preparo la barca auto hinchable. 
En pocos segundos entre Javier y Alejandro pasaron a la barca a Jorge y Alba lo hizo como pudo. Faltaba Irene, se había quedado en la avioneta presa de un ataque de pánico. Mientras la avioneta de hundía. Javier volvió a pasar dentro de la cabina y forzó a Irene a salir de allí para ponerla a salvo. 
Una vez en el bote cada uno se acomodó como pudo. Todos quedaron exhaustos y en silencio. Estaba anocheciendo y poco a poco se fueron quedando dormidos. 
El primero en despertarse fue Jorge aunque con un gran dolor de cabeza, aturdido e intentado asimilar la situación a la que no se acuerda cómo había llegado. Sus ojos cambiaron cuando con los primeros rayos del alba, logró divisar entre la niebla algo que podría ser tierra firme. Emulando a Rodrigo de Triana estiró el cuello y gritó “Tierra a la vista”. 
Todos sus compañeros despertaron casi al unísono aunque con los ojos engurruñados, la adrenalina se apoderó de ellos y empezaron a remar con las manos y a gritar, exclamar, reír y llorar “Rema” ,”Tierra”, ”Dios mío”, todo ello sumaba un cóctel de importantes sensaciones.
En cuanto pisaron la arena de la playa se dieron cuenta de la nueva y cruda realidad. Empezaron a vagar como ausentes, como buscando algo que así no existía. Ahora debían asumir el reto de sobrevivir en la isla, pero el panorama era muy diferente al que ellos habían previsto, todo el equipaje se había hundido con la avioneta: nada de víveres, ni utensilios ni tiendas, solo contaban con un bote hinchable y las 2 bengalas que este portaba. Ante ellos la dificultad de subsistir a partir de nada. Acaso no era ese el “Proyecto” que se habían propuesto. 
La isla fue generosa con ellos, les brindo abundantes frutos silvestres tropicales, agua dulce, cobijo y hasta lecho para dormir. El primer día transcurrió bien, tuvieron tiempo de descansar y hasta de divertirse dándose un baño. Pero a la mañana siguiente empezaron a plantearse nuevas cuestiones. 
 Alba.- Tenemos que buscar la forma de salir de aquí. 
Javier.- Acaso no era esto lo que estábamos buscando. 
Jorge.- Una cosa es lo que habíamos planeado, pero esto no tiene nada que ver, ni el destino ni las circunstancias y sobre todo las provisiones. 
Irene.- Claro que no. Nos ha ocurrido un accidente en el que podríamos haber muerto. Javier.- No seré yo el que ponga impedimentos para salir de aquí, por el contrario colaboraré todo lo posible, pero mientras permanezcamos aquí, habrá que vivir acuerdo a las circunstancias que tenemos. 
Alejandro.- Todos sabíamos que estábamos tomando una decisión peligrosa y es evidente que todo nos ha salido mal y hemos de pagar las consecuencias. Pero en cuanto a salir de aquí espero que no tarden mucho en encontrarnos, puesto que la avioneta llevaba GPS y no habrán tardado nada en darse cuenta de nuestra maniobra ni en descubrir donde se ha hundido, de cuyo sitio no debemos estar muy apartados. 
Irene.- Espero que no tarden mucho. Ahora lo que más echo de menos es mi cepillo de dientes. 
Siguieron hablando y sobre todo planificando cómo iban a pasar el resto del tiempo que les quedara allí. Querían organizarse un poco para las necesidades que les pudiesen ir surgiendo: alimentación, descanso, aseo o riesgos del medio. 
Pero Alejandro había acertado plenamente en sus predicciones y en el continente ya se habían percatado de la maniobra de los muchachos y se estaban preparando para salir en su rescate. No pasarían muchas horas para que una vez calculadas las coordenadas donde se hallaba hundida la avioneta, los vientos y las corrientes marinas de la zona, partiese una misión en dos helicópteros de protección civil en los que también viajaba uno de los padres de cada uno de los muchachos. 
Mientras, en la isla el día había transcurrido y habían preparado una tienda con algunos troncos y ramas de palmeras, también habían mejorado los camastros a base de follaje y cubriéndolo con amplias hojas verdes, incluso habían hecho un fuego utilizando para ello una de las bengalas. La vida en plena naturaleza da mucho cansancio por lo que nada más oscurecer se dispusieron a descansar. 
No habrían pasado un par de horas desde que se habían acostado cuando a Javier lo despertó algo parecido a gemidos o pequeños quejidos que provenían de la zona donde estaban descansando Jorge y Alba; al principio pensó …..Y no se atrevió a moverse, pero la curiosidad fue más fuerte y alzó un poco la cabeza para observar. Lo que vio fue muy diferente a lo que pensaba, se trataba de una gran boa constrictora que se había enrollado al cuello y al tórax de Alba y la estaba asfixiando. Inmediatamente grito ¡Albaaaa!, para alertar al resto de los compañeros, se levantó en dirección a los restos de la fogata donde cogió uno de los troncos que aún estaban ardiendo y yéndose para Alba, no dudo en acercarlo al cuerpo de la inmensa boa, que al sentir el calor se contrajo mucho más pero que inmediatamente ceso la acción y se alejó del lugar. 
Todo había ocurrido en muy pocos segundos, Irene conmocionada con un ataque de pánico parecía que quería gritar pero no le salía ni un hilo de voz. Jorge parecía ayudar a respirar a Alba abriéndole las vías respiratorias e insuflando aire en sus pulmones. Javier con el tronco en mano a modo de antorcha, echaba un vistazo alrededor para verificar que se había alejado el peligro y Alejandro intentaba hacer reaccionar a Irene con pequeñas bofetadas como caricias mientras no perdía de vista las maniobras de Jorge. 
Pasaron varios minutos para que todo volviera a la seminormalidad, ahora los que nos estaban llorando a lágrima viva, estaban al menos con el llanto en los ojos. Se consolaban unos a otros y se abrazaban, habían pasado unas situaciones muy estresantes y necesitaban desahogarse, además en sus caras se reflejaba la desesperación y que empezaban a dudar de sus posibilidades. 
No habían salido aún de este estado cuando en el silencio de la noche se dejó oír el poderoso rugir de las hélices de los helicópteros que acudían a su rescate. Inmediatamente Alejandro se apresuró a encender la bengala que aun conservaban y comenzó a agitarle dibujando una media luna desde la orilla de la playa. Los muchachos pasaron en un segundo de la desesperación al regocijo y la ilusión del que ve un espectáculo maravilloso, acompañados de gritos, saltos y risas nerviosas. Fue cuestión de segundos que los tripulantes de los helicópteros se alertaran de la señal y se acercaran a la gran explanada de la arena de la playa para tomar tierra. 
El resto de la operación rescate transcurrió como podréis imaginar: abrazos, lágrimas, llantos, miradas, las pocas palabras que se pronunciaban salían de las bocas de los miembros de protección civil que se limitaban a dar instrucciones y organizar la vuelta. 
A la vuelta de la aventura transcurrieron unos días algo turbulentos en cuanto al ánimo de nuestros excursionistas y de sus familiares, así como el ajuste de responsabilidades, pero aunque ese era el mundo de siempre, nada volvió a ser lo mismo. Sus amigos y conocidos, unos los miraban con admiración de la proeza, otros con recelo o envidia; la mayoría de sus familiares los trataban con el respeto por lo que no sabían de lo que serían capaces de llegar a hacer, ellos mismos habían cambiado, una experiencia de ese calibre no deja a nadie indiferente, se veían más maduros y capaces de afrontar sus responsabilidades y asumir las circunstancias que a cada uno rodeaba en su vida. 
Alejandro fue a la universidad y comenzó a compartir con su padre los mundos de los negocios. Jorge, Alba e Irene también fueron a la universidad aunque Jorge y Alba dejaron de salir juntos, quizás se dieran cuenta que lo suyo hubiera sido tan solo una aventura más de la vida. Irene no terminó la universidad, pero porque encontró a la persona idónea para formar pareja. Javier se enroló en una misión humanitaria en el tercer mundo para así poder satisfacer plenamente sus necesidades de aventura, afecto y sentirse realizado. 
En cuanto a mí como cronista de esta historia, reconozco cierta envidia de no haber hecho nunca algo así y os aseguro que no es por responsabilidad, sino por falta de iniciativa o agallas como le queráis llamar. Me he adaptado a las circunstancias que me rodean pero sin saber que hubiera sido de mí cuando me propusieron ir con ellos.

EL GUARDA

Érase una vez, un guarda llamado Jack, era un poco especial, porque estaba gordo. Estaba enamorado de Isabela. 
-Ejem... hola.- dijo Jack a Isabela. 
-Hola Jack.- respondió tiernamente ella. 
-Bueno me voy, luego hablamos.- Dijo avergonzado Jack. 
Aparte de Isabela, Jack tenía otras personas importantes en su vida... bueno, concretamente solo una, su hija. Ella estaba muy afectada por el fallecimiento de su madre, la mujer de Jack. 
Al día siguiente, 24 de Diciembre, era víspera de Navidad y Jack volvió a hablarle a Isabela. 
 -Hola.- Dijo Jack timidamente. ¿Qué tal?.- Respondió Isabela. Bien, un poco cansado, hoy el centro comercial tiene mucha actividad.- Respondió Jack con seguridad. -Bueno me voy, que hoy el día será largo.
Jack volvió a huir por su miedo a hablarle a Isabela. 
-Adios Jack, Feliz Navidad.
 -Gracias, igualmente. 
Era hora de cenar y hora de hacer los preparativos de la cena navideña. A Jack por desgracia, le tocaba trabajar por esa noche. 
 - Menudo trabajo tengo. 
Y comenzó a vigilar.









Cuando Jack salió del centro comercial, Isabela lo esperaba fuera. Al día siguiente, Jack dijo nervioso:
-Ejem, hola Isabela, me gustaría invitarte a almorzar.
-Bueno, te recojo en una hora y media.
Jack la recogió pasado el tiempo y después de pasar una velada, tuvo el atrevimiento de invitarla a otra comida:
-Isabela, te llamo mañana a otra cena ¿vale?
-Ok Jack como quieras.
Tras muchas cenas y almuerzos, Jack fue cogiendo confianza con Isabela, hasta que le pidió matrimonio.
-¿Te quieres casar conmigo?
- Sí, Jack.
Finalmente Jack adelgazó y se casó con Isabela. Al cabo de dos meses de casados, ya se podía ver a los hijos de Jack y Isabela correteando por el salón.